Antes de quejarme del próximo vuelo.
«El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.» — Marcel Proust (1923). Cuando uno viaja con cierta frecuencia, aprende a quejarse con bastante precisión. Hace un par de semanas viajé desde Dublín, República de Irlanda, a la Ciudad de México. El trayecto desde que salí del hotel hasta que llegué al departamento que rento para vivir tomó 27 horas. Que si el vuelo se retrasó. Que si la fila para documentar. Que cambiaron la puerta de embarque y ahora toca atravesar medio aeropuerto. Que no puedes descender del avión porque no hay “posición libre”. Que hay que quitarse, otra vez, el cinturón para pasar por seguridad. Que el asiento es incómodo. Que el vuelo va lleno. Que la conexión es demasiado larga o corta, etc. A veces llegamos tan cansados que lo único que queremos es recoger la maleta, encontrar el transporte y llegar al hotel. Lo entiendo. Cuando se viaja por trabajo, hay reuniones que preparar, compromisos...