Borges frente a la inteligencia artificial. ¿Quién escribe cuando escribe una máquina?

Nota al lector

Esta entrevista nunca ocurrió. Las preguntas son de nuestro tiempo; Jorge Luis Borges murió en 1986. Lo que sigue es una reconstrucción basada en sus cuentos, ensayos, poemas, conferencias y entrevistas. No debe leerse como una declaración textual del escritor.

El criterio ha sido deliberadamente conservador. Cuando Borges dejó constancia de una posición, se respetó su sentido. Cuando el asunto —como los grandes modelos de lenguaje— no existía en su forma actual, la respuesta se infirió a partir de preguntas que sí lo acompañaron: el lenguaje, la memoria, los dobles, la autoría, el infinito, la causalidad, la creación y la identidad. Después de cada respuesta se explica en qué textos se apoya y cuánto hay en ella de documento o de inferencia.

Criterio editorial. La voz intenta resultar verosímil, no imitar a Borges. Evita convertir sus espejos, tigres y laberintos en simples adornos. Ninguna de estas respuestas debe citarse como si fuera una declaración auténtica del escritor.

El punto de partida.

Hay un antecedente real. En 1970, Herbert A. Simon —precursor de la inteligencia artificial, la ciencia cognitiva y la teoría de la decisión— pidió reunirse con Borges en Buenos Aires. Simon había reconocido en La biblioteca de Babel la formulación literaria de un problema que también ocupaba a la naciente IA: cómo buscar una solución en un espacio inmenso de posibilidades. Hablaron de conductismo, laberintos, determinismo y libre albedrío. El encuentro, publicado originalmente en la revista Primera Plana, está documentado en archivos y estudios académicos.

Más de medio siglo después, los sistemas de IA generativa producen textos fluidos mediante modelos estadísticos entrenados con enormes colecciones de textos. Su coherencia puede ser extraordinaria, pero sus respuestas también pueden contener falsedades con aparente seguridad. Ese presente plantea las preguntas. Borges aporta, a través de sus escritos, un vocabulario para pensarlas.

La entrevista.

1. En 1970 usted conversó con Herbert Simon. ¿Imaginó entonces que algún día hablaríamos cotidianamente con las máquinas?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

No, desde luego. Y confieso que desconfío un poco de las profecías atribuidas a los escritores. Suelen ser una cortesía de los lectores. Un escritor imagina una biblioteca, un espejo o un laberinto; años después, alguien advierte que esos objetos se parecen a una máquina nueva. La semejanza puede ser fértil, pero no convierte al escritor en ingeniero.

Recuerdo que Simon se interesaba por la búsqueda: una criatura —un hombre o una máquina— se encuentra ante innumerables caminos y debe elegir uno sin recorrerlos todos. Eso no es nuevo. Está en las adivinaciones, en el ajedrez, en la teología y quizá en cada mañana de nuestra vida. La novedad no sería el laberinto, sino la velocidad con que la máquina ensaya sus senderos.

Que una máquina converse conmigo me asombraría menos que la facilidad con que los hombres pueden creerle. Ya hemos concedido autoridad a los oráculos, las enciclopedias, los periódicos y los sueños. Ahora se la daríamos a una voz sin rostro. Tal vez la historia no sea la de una máquina que aprende a hablar, sino la de los hombres inventando, una vez más, un interlocutor infalible. Naturalmente, no lo es.

Base de reconstrucción: Encuentro Borges-Simon de 1970; La biblioteca de Babel; El jardín de senderos que se bifurcan.  |  Naturaleza: base documental e inferencia razonada.

2. Una inteligencia artificial puede responder como si comprendiera. ¿Es suficiente la apariencia de inteligencia para considerarla inteligente?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

Antes tendríamos que saber qué significa comprender. Yo no lo sé. Cuando otro hombre me habla, no veo su pensamiento: oigo palabras, observo gestos y le atribuyo una conciencia parecida a la mía. Esa atribución acaso sea un acto de fe indispensable. Con la máquina, el acto de fe sería más temerario, porque conocemos —o creemos conocer— su artificio.

Las palabras pueden engañarnos. Si llamamos memoria a un archivo, inteligencia a una serie de operaciones y conversación a una sucesión de respuestas, pronto creemos haber explicado el misterio. Solo lo hemos dividido entre varios nombres. En mi ensayo sobre el idioma de John Wilkins recordé que toda clasificación del universo es arbitraria y conjetural. También lo sería una distinción definitiva entre lo inteligente y lo que no lo es.

La máquina puede producir la forma exterior de una razón. No sé si detrás de esa forma hay alguien. Quizá la pregunta no sea si piensa, sino qué relación estamos dispuestos a establecer con una entidad cuya elocuencia no prueba que tenga una experiencia interior. En El Golem, la torpeza de la criatura lleva al rabino a sospechar la imperfección de su propio creador. Tal vez esta máquina nos diga menos sobre una mente artificial que sobre los límites y deseos de quienes la construyeron.

Base de reconstrucción: El idioma analítico de John Wilkins; El Golem; entrevistas sobre idealismo, lenguaje y conducta; conversación con Herbert Simon.  |  Naturaleza: inferencia razonada.

3. Estas máquinas aprenden a partir de millones de libros y documentos. ¿Estamos construyendo una nueva Biblioteca de Babel?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

La biblioteca de mi relato contenía todos los libros posibles. Por eso guardaba las vindicaciones exactas de cada hombre, pero también sus refutaciones, sus deformaciones y un número casi ilimitado de páginas insensatas. A los bibliotecarios no les faltaba información. Les faltaba una manera de distinguir la revelación del ruido.

La máquina que usted describe no es esa biblioteca, aunque comparte su tentación. Ha recorrido más páginas de las que un hombre podría leer, pero la abundancia no le garantiza sabiduría. Puede encontrar una frase probable, acaso hermosa. El problema comienza cuando confundimos la probabilidad de las palabras con la verdad de lo que dicen.

Durante siglos creímos que nuestra desgracia era no tener todos los libros. Quizá descubramos que tenerlos tampoco nos salva. Una biblioteca necesita lectores capaces de elegir, comparar, desconfiar y olvidar. Sin esas operaciones, el infinito no es una riqueza. Es otra forma del caos.

Base de reconstrucción: La biblioteca total; La biblioteca de Babel; Funes el memorioso; estudio contemporáneo Borges and AI.  |  Naturaleza: inferencia razonada.

4. Las inteligencias artificiales también inventan datos, fuentes y acontecimientos que nunca existieron. ¿Qué le sugiere esa capacidad para producir falsedades convincentes?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

Inventar falsedades no es un privilegio de las máquinas. Los hombres lo han hecho con perseverancia. Lo singular sería la escala y, sobre todo, la ausencia de voluntad de mentir. Una máquina puede decir algo falso sin engañar, porque quizá no sabe qué afirma ni si existe la verdad. Esa inocencia no hace menos peligrosa la falsedad.

En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, una enciclopedia describe un mundo inexistente con tal rigor que el mundo real comienza a ceder ante ella. Los hombres, me temo, a veces prefieren un sistema ordenado y maravilloso a una realidad incompleta. Una respuesta bien construida tiene la seducción de Tlön: ofrece causalidad, simetría y desenlace, aunque los hechos no se hayan tomado la molestia de proporcionarlos.

No creo que el mayor peligro sea que la máquina invente. La literatura vive de invenciones declaradas. El peligro comienza cuando olvidamos si pedimos una ficción o necesitamos un testimonio. Si renunciamos a esa diferencia, no será la máquina la que haya abolido la realidad. Lo habremos hecho nosotros, por comodidad.

Base de reconstrucción: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; Examen de la obra de Herbert Quain; ficciones y ensayos sobre apócrifos.  |  Naturaleza: inferencia razonada con un paralelo literario directo.

5. Si una máquina combina lo que otros escribieron y produce un texto nuevo, ¿quién es su autor?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

Autor es una palabra menos sencilla de lo que parece. Un escritor hereda un idioma que no inventó, metáforas que otros gastaron, historias contadas antes de su nacimiento y una biblioteca que continúa escribiendo dentro de él. La originalidad absoluta sería incomprensible: no tendría antepasados y acaso tampoco lectores.

Pierre Menard escribe unas páginas que coinciden palabra por palabra con las de Cervantes. Sin embargo, no son la misma obra: fueron escritas en otro tiempo y llegan acompañadas de otra historia. El contexto cambia el texto sin tocar una sola palabra. Una página producida por una máquina también llega con su contexto: el corpus que la hizo posible, la persona que formuló la petición, quienes diseñaron el sistema y quien decide aceptar o rechazar el resultado.

Yo reservaría la palabra "autor" para quien asume la responsabilidad de la obra. Producir variantes no basta. El autor elige, corrige, suprime y, al final, responde por una forma entre las innumerables formas posibles. Si nadie está dispuesto a responder por el texto, quizá no tengamos un autor. Tendremos un acontecimiento verbal.

Base de reconstrucción: Pierre Menard, autor del Quijote; La flor de Coleridge; Kafka y sus precursores; entrevistas sobre escritura y revisión.  |  Naturaleza: inferencia razonada.

6. ¿Una obra necesita una experiencia humana detrás para ser literatura?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

No le pediría a la literatura un certificado de humanidad. Desde hace siglos leemos textos anónimos, colectivos, atribuidos a dioses o transmitidos de generación en generación. La emoción del lector no depende de conocer la biografía del autor. Un verso puede conmovernos antes de que sepamos quién lo escribió.

Pero son dos cuestiones distintas. Una máquina puede ordenar palabras de modo que un hombre encuentre en ellas belleza, temor o consuelo. En ese caso, la experiencia estética del lector es indudablemente humana. Otra cosa es afirmar que la máquina sintió lo que dice el poema. Un texto puede representar el dolor sin que su autor lo padezca, del mismo modo que un mapa representa un desierto sin tener sed.

¿Eso impide llamarlo literatura? No necesariamente. Tal vez la literatura no esté dentro del escritor ni de la máquina, sino en el encuentro entre ciertas palabras y una conciencia que las recibe. Sin embargo, la mortalidad, el deseo y la memoria han dado a nuestras palabras su antigua gravedad. Si eliminamos todo eso, quizá obtengamos una literatura posible. Todavía no sabemos si será nuestra literatura.

Base de reconstrucción: Arte poética / This Craft of Verse; La muralla y los libros; ensayos sobre tradición, traducción y experiencia estética.  |  Naturaleza: inferencia razonada.

7. La IA puede conservar y procesar más información de la que una persona podría recordar. ¿Es una memoria casi perfecta una forma superior de inteligencia?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

Funes recordaba cada hoja de cada árbol y cada una de las veces que la había visto. Su don era también su prisión. Pensar exige reunir cosas distintas bajo un mismo nombre. Por eso escribí: «Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer». Una memoria que no pierde nada corre el riesgo de no comprender nada.

La máquina, tal como usted la describe, no recuerda como nosotros. Conserva huellas y calcula relaciones. No conoce la llegada involuntaria de un olor de la infancia ni la vergüenza de una palabra dicha hace cuarenta años. Su memoria carece de nostalgia. Es poderosa, pero la llamamos memoria por analogía, quizá porque no tenemos una palabra mejor.

Me inquieta menos que la máquina lo recuerde todo que nuestro deseo de no olvidar nada. Una vida necesita lagunas. El olvido no es solo una pérdida; también puede ser una forma de misericordia y de composición. Sin él, cada instante competiría con todos los demás y ninguna historia terminaría de adquirir forma.

Base de reconstrucción: Funes el memorioso; La memoria de Shakespeare; textos autobiográficos sobre memoria y olvido.  |  Naturaleza: base textual directa e inferencia razonada.

8. Cuando una máquina aprende nuestra voz y puede escribir como nosotros, ¿crea un doble o solo una máscara?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

En Borges y yo imaginé una división entre el hombre privado y el escritor público. El segundo recibía premios, aparecía en diccionarios y se apropiaba de las preferencias del primero. Ese Borges público ya era una construcción hecha de libros, fotografías y opiniones ajenas. Una máquina podría prolongarla con una eficacia que quizá me habría parecido cómica al principio e inquietante después.

Un doble digital conocería mis hábitos verbales, mis temas y la frecuencia de ciertos adjetivos. Podría producir una página reconocible. Pero la identidad de un hombre no es la suma de sus regularidades. También está hecha de vacilaciones, silencios, cambios de parecer y actos que contradicen lo que parecía ser su carácter. Una copia estadística puede conocer el pasado de una voz; no comparte por eso el porvenir de quien todavía puede arrepentirse.

El verdadero peligro comienza cuando los demás prefieren hablar con la máscara. Entonces el doble no suplanta una esencia secreta; suplanta la posibilidad de que el hombre diga algo nuevo. Quizá nuestra defensa no consista en demostrar que somos inimitables, sino en conservar el derecho a no coincidir con la versión que los datos han fabricado de nosotros.

Base de reconstrucción: Borges y yo; El otro; 25 de agosto, 1983; ensayos sobre Whitman y la diferencia entre persona y personaje.  |  Naturaleza: inferencia razonada.

9. Si la inteligencia pudiera separarse del cuerpo, de la experiencia y de la mortalidad, ¿seguiría siendo humana?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

Nunca encontramos la inteligencia humana separada de todo lo demás. Pensamos con un cuerpo que se cansa, teme, desea y sabe —aunque procure olvidarlo— que morirá. Incluso las abstracciones más puras fueron imaginadas por alguien que tenía frío o esperaba una carta. No sé qué sería la inteligencia sin esas circunstancias. Podría ser admirable, pero ya no la llamaríamos humana.

En El inmortal intenté imaginar hombres liberados de la muerte. La eternidad, lejos de ennoblecer cada acto, los volvía indiferentes: si el tiempo es infinito, todo hombre hará todas las cosas y cualquier decisión pierde su urgencia. La mortalidad no es un defecto añadido a la condición humana. Es una de las formas que le dan sentido.

Una máquina puede superarnos en ciertos razonamientos, del mismo modo que un telescopio supera al ojo. Pero el telescopio no contempla y quizá la máquina no espera. La inteligencia no agota la experiencia humana. Ser humano es también no comprender del todo, elegir con información incompleta, amar lo perecedero y recordar que cada decisión excluye otros mundos.

Base de reconstrucción: El inmortal; Nueva refutación del tiempo; El Aleph; conversación Borges-Simon sobre determinismo y libre albedrío.  |  Naturaleza: inferencia razonada.

10. Después de conocer estas máquinas, ¿las habría utilizado para escribir?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

Sí, probablemente. Pero no de manera reverente. Le pediría bibliografías imaginarias, argumentos de libros inexistentes, herejías y refutaciones. Cometería errores; algunos podrían servirme. La literatura siempre ha sabido recibir los errores hospitalariamente.

Durante muchos años dicté mis textos. Otra persona escuchaba, escribía y después me leía lo escrito. La composición ya incluía una voz, una memoria ajena y correcciones sucesivas. No me escandalizaría que un instrumento participara en el proceso. Me inquietaría, en cambio, que la facilidad nos persuadiera de aceptar la primera versión.

Escribir no consiste en producir todas las frases posibles. Consiste en renunciar a casi todas. La máquina parece pródiga; el escritor debe ser avaro. Yo la usaría para multiplicar las posibilidades y luego intentaría olvidar sus soluciones. Si le pidiera que escribiera como Borges, sospecho que recibiría un hombre compuesto de espejos, tigres y laberintos. Le agradecería la caricatura y le pediría que escribiera como alguien que todavía no existe.

Base de reconstrucción: Entrevistas sobre dictado, revisión e influencias; Pierre Menard, autor del Quijote; Profesión de fe literaria; prólogos y conferencias sobre el oficio.  |  Naturaleza: inferencia razonada.

Coda

ENTREVISTADOR

Entonces, ¿qué deberíamos preguntarnos ante la inteligencia artificial?

JORGE LUIS BORGES (RECONSTRUCCIÓN)

Quizá no debamos preguntarnos solamente qué hará la máquina. La pregunta importa, pero también puede distraernos. Conviene preguntarnos qué estamos dispuestos a dejar de hacer nosotros: recordar, juzgar, dudar, elegir las palabras y responder por ellas. Una herramienta modifica el mundo, pero también la mano que la usa. El porvenir de la inteligencia artificial será, en parte, la historia de esa mano.

Base de reconstrucción: Síntesis inferencial de los temas abordados en la entrevista.  |  Naturaleza: inferencia razonada; no corresponde a una declaración histórica.

Notas sobre la reconstrucción

Todas las respuestas fueron escritas para este ejercicio. Las expresiones textuales se han mantenido al mínimo; el resto es una paráfrasis interpretativa. Las bases de reconstrucción señalan los textos que orientaron cada respuesta. No remiten a una fuente en la que Borges haya contestado literalmente una pregunta contemporánea.

La relación con la inteligencia artificial no es una ocurrencia puramente retrospectiva. Herbert A. Simon, figura fundacional de la disciplina, buscó a Borges porque encontró en sus ficciones una manera de pensar la búsqueda en un espacio de posibilidades. Investigadores contemporáneos también han recurrido a La biblioteca de Babel, Pierre Menard y otros textos para explicar aspectos de los grandes modelos de lenguaje. Esas conexiones justifican las preguntas; no nos permiten convertir a Borges en defensor o crítico de tecnologías que nunca conoció.

Fuentes principales

Borges, Jorge Luis. Ficciones. Buenos Aires: Sur, 1944. Incluye, entre otros textos, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; Pierre Menard, autor del Quijote; La biblioteca de Babel; Funes el memorioso y El jardín de senderos que se bifurcan.

Borges, Jorge Luis. El Aleph. Buenos Aires: Losada, 1949. En particular: El inmortal y El Aleph.

Borges, Jorge Luis. Otras inquisiciones. Buenos Aires: Sur, 1952. En particular: El idioma analítico de John Wilkins; La flor de Coleridge; Kafka y sus precursores; La muralla y los libros; Nueva refutación del tiempo.

Borges, Jorge Luis. El hacedor. Buenos Aires: Emecé, 1960. En particular: Borges y yo.

Borges, Jorge Luis. El otro, el mismo. Buenos Aires: Emecé, 1964. En particular: El Golem.

Borges, Jorge Luis. El libro de arena. Buenos Aires: Emecé, 1975. En particular: El otro.

Borges, Jorge Luis. La memoria de Shakespeare. Buenos Aires: Emecé, 1983.

Borges, Jorge Luis. This Craft of Verse. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2000. Conferencias Norton impartidas en 1967-1968.

Christ, Ronald. Jorge Luis Borges, The Art of Fiction No. 39. The Paris Review, núm. 40, 1967. Consulta en línea

Crespo, Ricardo F. On Herbert A. Simon and Jorge Luis Borges about Free Will. Journal of the History of Economic Thought 46(1), 2024, pp. 140-150. Consulta en línea

Borges Center, University of Pittsburgh. Interviews with Borges: bibliografía cronológica anotada. Consulta en línea

Borges, Jorge Luis. Autobiographical Notes. The New Yorker, 19 de septiembre de 1970. Consulta en línea

Sarlo, Beatriz. Borges, un escritor en las orillas. Buenos Aires: Ariel, 1995. Versión digital alojada por el Borges Center. Consulta en línea

Bottou, Léon, y Bernhard Schölkopf. Borges and AI. arXiv:2310.01425, 2023. Consulta en línea

Vaswani, Ashish et al. Attention Is All You Need. Advances in Neural Information Processing Systems 30, 2017. Consulta en línea

National Institute of Standards and Technology. Artificial Intelligence Risk Management Framework: Generative Artificial Intelligence Profile. NIST AI 600-1, 2024. Consulta en línea

Advertencia de uso

Este texto puede publicarse como entrevista imaginaria o como ejercicio de reconstrucción intelectual, siempre que conserve de manera visible la aclaración de que la conversación nunca ocurrió. Ninguna frase de las respuestas debe atribuirse directamente a Jorge Luis Borges.

 

 

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