La ilusión del control.

“… o aprendes a querer la espina, o no acepte rosas…”. Canción “Fuiste tú”. Autor: Ricardo Arjona.

  

Hay personas que, apenas aparece algo bueno en su vida, empiezan a tomar distancia emocional de inmediato.

Sucede con una oportunidad laboral.
Con una idea que las entusiasma.
Con alguien que llega y mueve algo por dentro.

Y casi sin darse cuenta, se frenan.

“No te emociones tanto.”
“Pon los pies en la tierra.”
“Todavía no sabes qué va a pasar.”

Suena sensato. Incluso responsable.
Como si contener la ilusión fuera una forma de madurez.

Pero con el tiempo entendí algo incómodo: bajar la expectativa no reduce realmente el dolor.
Solo nos hace sentir que tenemos cierto control sobre él.

Porque si todo sale mal, siempre queda el mismo refugio mental:
“Ya lo veía venir.”
“Por eso no me ilusioné.”
“Sabía que esto podía pasar.”

Y por un momento eso tranquiliza.
La sensación de haber estado preparados.

Pero prepararse emocionalmente para perder no siempre es una fortaleza.
A veces también es miedo.

Miedo a sentir demasiado.
Miedo a que algo importe de verdad.

Lo complicado es que uno no solo aprende a protegerse del dolor.
También aprende, poco a poco, a contener la alegría.
A vivir con el freno puesto.
A no entregarse del todo a casi nada.

Y eso tiene un costo silencioso.

Porque la vida no se apaga de golpe.
A veces empieza a apagarse cuando dejamos de sentir con tanta intensidad.

La decepción seguirá existiendo.
Las pérdidas seguirán llegando.
Nadie escapa de eso.

Pero quizá la verdadera confianza en uno mismo no consiste en evitar el dolor, sino en entender que, cuando llegue, podrás atravesarlo.

Mientras tanto, permítete vivir plenamente.

Entusiasmarte.
Sentir.
Ilusionarte.
Estar presente.

Porque al final, la vida no siempre se rompe por sentir demasiado.

A veces también se va apagando por sentir cada vez menos.

Comentarios

Entradas populares