UNAM: cuando la tecnología sustituye al sentido común.
Lo que está en juego no es solo un examen: es la confianza en una institución que ha cambiado la vida de millones de mexicanos.
“La perfección
suele ser pariente de la trampa”.
— Ricardo Raphael
Escribo desde un lugar muy personal.
Soy orgullosamente egresado de la UNAM. Ahí cursé el bachillerato y la licenciatura. Por eso, lo ocurrido con el examen de ingreso de 2026 no me provoca solo indignación. Me duele.
Me duele por la Universidad, pero sobre todo por los miles de jóvenes que se prepararon durante meses —algunos durante años— para competir honestamente por un lugar.
No quiero adelantar conclusiones ni convertir una anomalía estadística en una acusación individual. Pero hay una pregunta que no puedo evitar: ¿cómo llegaron a publicarse resultados tan extraordinarios sin que la propia UNAM explicara antes qué estaba ocurriendo?
Los números no son normales.
En el Concurso de Selección 2026 participaron 158 mil 712 aspirantes. Dieciséis respondieron correctamente las 120 preguntas. Dieciséis exámenes perfectos.
Nunca había ocurrido algo semejante. En los mejores años, apenas dos o tres personas habían alcanzado esa hazaña. Y mientras que anteriormente no más del 9 por ciento superaba los cien aciertos, esta vez lo hizo el 29 por ciento.
Podríamos pensar que esta es una generación excepcional o admitir que un cambio tan abrupto exige detenerse, revisar y preguntar antes que nada. Es razonable la posibilidad de que algunos aspirantes hayan recibido ayuda externa. Pero los números, por sí solos, no dicen quién, ni cómo.
Cuarenta y un días.
El examen se aplicó en línea del 23 de mayo al 10 de junio. El primer pronunciamiento de la UNAM que ordenó revisar el proceso se publicó el 21 de julio.
41 DÍAS
Ese fue el tiempo que transcurrió entre el último
examen y la primera reacción pública de la Universidad.
Ahí está, para mí, el centro del problema.
Revisar manualmente 158 mil 712 exámenes sería una tarea descomunal. Precisamente por eso se contrató tecnología especializada. Territorium Life debía aplicar el examen, supervisarlo, resguardar las evidencias y reducir los riesgos. El contrato tuvo un monto mínimo de 40.7 millones de pesos y podía llegar a 101.7 millones.
Entonces, algunas preguntas surgen: es inevitable: ¿se generó alguna alerta en la plataforma?; ¿quién revisó las grabaciones y los patrones de respuesta antes de publicar los resultados?; ¿en qué momento la UNAM se enteró de lo que estaba pasando?
Y una más, quizá la más incómoda: ¿por qué las anomalías se hicieron visibles para analistas externos antes de que la Universidad diera una explicación?
Lo que sabemos —y lo que todavía no.
Raúl Rojas, matemático egresado de la UNAM e investigador de la Universidad Libre de Berlín, analizó los resultados disponibles. Su modelo estima que alrededor del 91 por ciento de quienes alcanzaron el puntaje de ingreso pertenecerían a un grupo con resultados atípicos, compatibles con la posibilidad de haber recibido ayuda externa.
Al tomar como referencia un umbral promedio de 103 aciertos, el análisis sugiere que nueve de cada diez seleccionados podrían proceder de ese grupo anómalo. Si la estimación se hubiera acercado a la realidad, otros aspirantes —los que conservaron el patrón histórico— habrían sido desplazados.
Lo anterior es gravísimo.
Lo publicado en la prensa nacional, no demuestra un fraude individual. Lo que hace es activar una alarma que la institución debió haber escuchado antes.
La reacción llegó después.
El rector Leonardo Lomelí ordenó elaborar un informe y creó una Comisión Técnica. Después se suspendieron provisionalmente los trámites de entrega documental e inscripción y se anunció un examen de control presencial para quienes obtuvieron resultados considerados atípicos.
Eran decisiones necesarias. El problema es que llegaron cuando los resultados ya habían sido publicados y la controversia estaba en los medios.
El 31 de julio, Patricia Dávila Aranda dejó la Secretaría General después de presentar su renuncia, y Javier de la Fuente Hernández fue nombrado en su lugar. Es una consecuencia institucional importante. Pero cambiar a una persona no responde todavía qué falló, quién lo sabía ni por qué se tardó tanto en actuar.
La tecnología no decidió nada.
Sería fácil culpar a la inteligencia artificial. Es probable que algunos aspirantes hayan usado herramientas digitales, comunicación externa o materiales prohibidos. Pero la tecnología no decidió hacer trampa. Tampoco diseñó el proceso ni autorizó la publicación de los resultados.
El problema es más incómodo porque es profundamente humano: algunos intentaron engañar al sistema y quienes debían protegerlo no alcanzaron a detectarlo a tiempo.
La inteligencia artificial cambia la manera en que aprendemos y accedemos al conocimiento. Pero no sustituye el pensamiento crítico, el juicio profesional ni la responsabilidad. En realidad, hace que los necesitemos más.
Lo que de verdad está en juego
La educación pública cambia la vida de familias completas. Yo soy uno de sus beneficiarios. Para muchos jóvenes, entrar a la UNAM no significa solamente continuar estudiando. Puede cambiar el rumbo de su vida.
Por eso, cada lugar obtenido mediante una ventaja indebida puede dejar fuera a alguien que estudió, se preparó y confió en competir en igualdad de condiciones.
La UNAM tendrá que proteger a quienes participaron honestamente. También deberá revisar el desempeño del proveedor, transparentar las alertas generadas durante el examen y explicar qué controles fallaron. Será difícil comprobar, persona por persona, quién recibió ayuda. Justamente por eso era tan importante prevenir y revisar antes de publicar.
La pregunta que queda
José Vasconcelos, uno de los más ilustres rectores de la UNAM, dijo que los grandes enemigos de México eran la ignorancia y la pobreza. Más de un siglo después, tenemos herramientas que él difícilmente habría imaginado. Pero ninguna tecnología puede sustituir la integridad, el sentido común y la responsabilidad.
La pregunta para la UNAM no es solamente cómo pudieron hacer trampa algunos aspirantes. Es por qué una anomalía de esta magnitud atravesó sus controles, se convirtió en resultados oficiales y permaneció 41 días sin una explicación pública.
El prestigio tarda generaciones en construirse. A veces basta una mala decisión —y demasiado silencio— para ponerlo en riesgo.
Fuentes de referencia
UNAM: resultados del Concurso de Selección 2026 y fechas de aplicación del examen
UNAM, comunicado del 21 de julio de 2026: informe y Comisión Técnica
UNAM, comunicado del 24 de julio de 2026: suspensión provisional de inscripciones
UNAM: instalación de la Comisión Técnica para revisar el examen
El Universal: contrato y capacidades atribuidas a Territorium Life
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