Mujeres empoderadas: Cómo su fuerza ha dado forma a mi camino.
“Eterna es aquella que, aun rota, sigue siendo luz”. Esther Gralla.
¿Sabían que el 70% de las personas que reciben este blog son mujeres?1
Hay momentos en la vida en los que las personas adecuadas aparecen en nuestro camino y todo comienza a transformarse — con sutileza al principio, luego de forma innegable. Para mí, esas personas fueron mujeres cuya presencia irradiaba valor, claridad y un poder silencioso, pero imposible de ignorar. Ellas no solo me inspiraron, sino que me impulsaron a crecer. Me mostraron cómo luce la resiliencia cuando es puesta a prueba, cómo se ejerce el liderazgo cuando nace de la compasión y qué significa elevarse sin dejar a nadie atrás, sino tomando de la mano a quienes caminan a tu lado.
Mi recorrido es un mosaico construido con su influencia: mentoras que hablaron con firmeza y dulzura, amigas que creyeron en mí incluso en los días en que yo dudaba de mí mismo, y líderes que me enseñaron que la fortaleza y la empatía no se excluyen, sino que se acompañan. Gracias a ellas aprendí a reescribir mi propia historia, a caminar con la cabeza en alto y a actuar desde la convicción.
Este texto busca ser una reflexión y un homenaje. Una mirada a los momentos en los que mujeres empoderadas se convirtieron en anclas y motores, dejando huellas que aún hoy me guían. Su ejemplo ha transformado mi manera de ver el mundo — me ha ayudado a fortalecer mi voz, mi confianza y mi propósito. Y al compartir esto, deseo honrar la fuerza del vínculo, el valor de la comunidad y la hermosa realidad de que cuando caminamos junto a mujeres empoderadas, no seguimos siendo los mismos. Crecemos. Nos elevamos. Nos convertimos.
Mi proceso no ha sido lineal y está muy lejos de terminar, he atravesado por situaciones muy difíciles y con las que aún estoy trabajando, pero sin la presencia de ellas y de ustedes que leen estas líneas, esto no sería posible.
El inicio: un mundo machista.
Latinoamérica es una región de machos y México no es la excepción. Mi padre era uno de ellos.
Fue un hombre trabajador y muy disciplinado, con una visión construida desde la carencia. Era la única manera de salir adelante.
Se convirtió en un padre duro, a veces injusto y me convirtió en un niño y en un joven buscando siempre su aceptación. Yo nunca era suficiente.
Ya platicaré en otro momento este tema, es personal y doloroso.
Mi madre fue siempre “observadora” en ese proceso.
El contraste.
Empecé a trabajar desde mi último año en la preparatoria, en el centro de cómputo. Tenía 17 años.
Mi primera jefa fue una mujer de 35 años, Elisa Margain. Estamos hablando de 1979 (mis lectores empiezan a hacer cuentas), Elisa era una mujer sumamente inteligente, trabajadora, con la paciencia de Job y con una gran alegría por vivir incomparable. Era imposible no admirarla.
Mi segunda jefa fue Beatriz González, venezolana, expatriada y con apenas 30 años, estamos hablando de 1983. Yo era el jefe de sistemas y ella era la Directora General de Manufacturas Industriales Sigma. Mujer llena de dinamismo, “echada para adelante”, brillante y exigente como pocas. La empatía no era lo suyo, pero siempre reconocía cuando se equivocada y trabaja a la par de todos nosotros.
Mi tercera jefa, Mireya Pichardo, era 1985. Directora de Análisis Estadístico de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Tenía la capacidad de hacer varias cosas a la vez y a todas darle seguimiento (característica muy común entre las mujeres). La primera en llegar y la última en irse. Uno de los recuerdos más gratos que tengo, es que me regalo un libro de poemas y de ahí nació mi gusto por la lectura.
El hoy.
En esta comunidad conviven mujeres de todas las edades y caminos. Algunas han dedicado su vida a mantener unida a su familia; otras la han reconstruido, pieza por pieza, para ofrecer un futuro más luminoso. Hay quienes son líderes regionales en su campo y tan brillantes que un Presidente las llama para pedirles que regresen a trabajar por su país. También están aquellas que, con apenas 18 o 19 años, se lanzaron al mundo con nada más que sus sueños, y las expatriadas que dejaron atrás lo conocido para crecer, aprender y compartir su grandeza con México.
Aquí viven mujeres que no toleran la mentira, que practican una honestidad a veces incómoda, pero siempre auténtica. Mujeres jóvenes cuyo día comienza antes del amanecer y termina cuando la noche ya pesa, y aun así encuentran espacio para escuchar, acompañar y ser un remanso de empatía y encanto. Hay trovadoras, educadoras, terapeutas… y muchas más.
La lista, realmente, no tiene fin.
¡Es un honor tenerlas en esta comunidad!
A todas ustedes les agradezco que me hayan permitido formar parte de su vida.
1 Los porcentajes son una maravilla, te dan una idea de la aplastante mayoría de mujeres en esta comunidad, pero tampoco te dicen mucho. ¿Siete de diez o setenta mil de cien mil personas?
p.d. Les comparto una de las canciones que forman parte de mi vida, que data de 1982 y que demuestra que soy un romántico empedernido. Dudo mucho que la mayoría la conozca, pero también estoy seguro de que es posible que la trovadora de esta comunidad, hasta la haya cantado. Decidí compartir una versión en vivo, lo que tal vez disminuya su calidad, pero sin duda transmite un sentimiento muy especial. Silvio Rodríguez interpretando “Por quién merece amor…”
https://youtu.be/1jA7zh1TC00?si=skL7nWLCKyJzV7RL
Gracias Miguel, que lindo reconocimiento a las mujeres Empoderadas
ResponderEliminarTotalmente creadoras y reconstructoras de TODO. Gracias por compartir Miguel!
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