No todo lo difícil que sucede en tu vida es un reflejo de ti.
“Nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento”. Eleanor Roosevelt.
No atraes lo que eres.
Porque no todo el dolor es un mensaje del universo.
A veces, simplemente te despidieron del trabajo o un amigo te decepciono.
A veces te
endeudaste porque no tenías dinero suficiente.
Sin metáforas. Sin culpa.
A veces la
vida se desordena
sin que hayas hecho nada “mal”.
No todo lo
difícil es un reflejo de tu energía.
Puedes ser una buena persona
y aun así tener un año durísimo.
Puedes
trabajar en ti
y aun así perder oportunidades.
Puedes dar
lo mejor de ti
y no obtener lo que esperabas.
El problema
no es atraer cosas malas.
El problema es creer que cada golpe revela algo defectuoso en ti,
como si tu valor dependiera de resultados perfectos.
No atraes lo
que eres;
atraes lo que es humano:
ciclos, cambios imprevistos, pérdidas, comienzos, finales.
La vida no
responde a fórmulas.
Responde a ritmos.
Lo que sí
depende de ti es otra cosa:
cómo te hablas en medio del caos,
cómo pides ayuda cuando la necesitas,
cómo te tratas cuando nada sale como esperas.
No eres un
imán mágico
ni un problema a reparar.
Eres una persona viviendo una vida real.
Y eso
incluye momentos buenos
y otros que cuestan más asimilar.
No porque los “atraigas”,
sino porque así se crece.
No siempre
puedes elegir lo que llega,
pero sí puedes elegir no culparte mientras lo transitas.
A veces el silencio pesa más que las respuestas. Miramos lo que duele esperando encontrar una señal, un sentido, una explicación que calme. Pero no todo llega para ser entendido. Hay momentos que solo piden ser atravesados con paciencia, con cuidado, sin convertirlos en juicio. Tal vez no se trate de descifrar la vida, sino de acompañarnos mientras sucede.
¡Y eso cambia la historia!
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