Reflexiones sobre la vejez.

"La edad no es la que uno tiene, sino la que uno siente.” Gabriel García Márquez

Hay algo que no termino de entender.

¿Por qué nuestra cultura insiste en concentrar todo lo bueno de la vida en un tramo tan corto como la juventud?

Es una idea extraña si se piensa con calma.

La mayoría de los que estamos vivos hemos pasado más tiempo siendo adultos que siendo jóvenes. Y, sin embargo, actuamos como si todo lo valioso ocurriera antes de cierta edad y después solo quedara una especie de epílogo.

Existe una imagen bastante clara de lo que se espera de un adulto mayor “normal”.

Si eres adulto mayor, tienes que ser amable, dulce, sensible… pero no demasiado, porque entonces ya “chocheas”.

No deberías seguir haciendo las cosas que te han gustado toda la vida, porque eso significa que no aceptas la vejez.

Puedes participar en una conversación, claro, pero cuidado si repites una anécdota. Y ni se te ocurra tener una idea nueva o un proyecto: en ese caso ya no eres un adulto mayor normal, eres un ridículo que se cree veinteañero.

Lo curioso es que la verdadera tragedia de la vejez no está ahí fuera, sino dentro.

El adulto mayor es adulto mayor para los demás, pero por dentro no siente que haya cambiado tanto. A pesar de las arrugas, de los desengaños, de los achaques, sigue siendo el mismo. Le siguen gustando las mismas cosas. Mira de la misma manera. La belleza la desea igual… o incluso más.

Puede enamorarse. Puede disfrutar del sexo. Es verdad que ha perdido fuerza, pero sabe mejor cómo dar gusto.

Decimos “adulto mayor” como si fuera una categoría clara, pero ¿qué significa exactamente?

Un adulto mayor es, en teoría, alguien que ha cumplido 60 años.

¿De verdad alguien llamaría adulto mayor a Sting, a Bono, a Lenny Kravitz o a Carlos Vives?

¿A Tom Cruise, a Brad Pitt, a Johnny Depp, o a George Clooney?

¿Alguien llamaría adulta mayor a Sandra Bullock, a Julianne Moore, a Michelle Pfeiffer, a Angela Bassett o a Jodie Foster?

Tal vez la juventud se ha alargado.

O tal vez hemos retrasado la adultez. Hay personas de más de cuarenta que siguen viviendo en casa de sus padres, jugando videojuegos y considerándose jóvenes. Y nadie se escandaliza demasiado.

Escribo esto porque quizá tendríamos que redefinir la vejez.

La vejez se ha retrasado, querámoslo o no. Y nos vendría bien ir borrando de la cabeza algunos prejuicios, algunas formas automáticas de hablar y de pensar.

Cada etapa de la vida tiene lo suyo. Con los años se pierden cosas, sí, y también se ganan otras. Sin engañarnos.

No es verdad que la vejez te dé serenidad y sabiduría por defecto. Si has sido un cretino toda tu vida, los años no te van a transformar milagrosamente.

La serenidad y la sabiduría no las dan los años; esas cosas se aprenden, se trabajan y, en cierto modo, se merecen.

Pero si lo haces, la vejez se convierte en una fuente de seguridad. Porque ya sabes lidiar con lo malo de otra manera. Porque has aprendido qué merece tu atención y qué no.

Entonces, muchas de las cosas que antes te angustiaban dejan de preocuparte.

Y eso, se mire como se mire, se parece bastante a la felicidad.

 

p.d.

Aunque gramaticalmente es correcto referirse a una mujer o a un hombre como viejo o vieja, dados los tiempos que estamos viviendo, he usado, para esta entrada de blog, el término adulto mayor o adulta mayor, comúnmente usado en gerontología y políticas públicas.  

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