Siempre está ahí. ¿Pero realmente te acompaña?

“Esperamos más de la tecnología y menos de los demás.” —Sherry Turkle, Alone Together, 2011. 

Es de noche. No quieres molestar a nadie, pero necesitas hablar.

Tomas el teléfono, abres una aplicación y escribes lo que te pasa. Por otro lado, la respuesta llega casi de inmediato. No hay impaciencia, distracciones ni silencios incómodos. Nadie te dice que estás exagerando ni intenta cambiar de tema.

La inteligencia artificial te escucha.

O, por lo menos, eso sientes.

Cada vez más personas utilizan estos sistemas no solo para buscar información, redactar documentos o resolver tareas. También recurren a ellos para pedir consejo, desahogarse, sentirse comprendidas o encontrar un poco de compañía.

Sería fácil juzgarlas. Decir que una conversación con una máquina no es una conversación verdadera. Y, en sentido estricto, quizá no lo sea. Pero no estoy seguro de que debamos burlarnos de quien encuentra consuelo ahí.

Todos hemos pasado por una noche en la que necesitamos hablar y no sabemos a quién llamar. En un momento así, una respuesta amable puede producir un alivio auténtico, aunque sepamos que proviene de una máquina.

Y ese alivio no es solo una impresión.

Una investigación publicada en el Journal of Consumer Research encontró que los llamados “acompañantes de inteligencia artificial” pueden disminuir momentáneamente la sensación de soledad. Una de las claves no fue que la máquina pareciera humana, sino que lograra que la persona se sintiera escuchada. Hay, sin embargo, un matiz importante: el efecto fue estudiado durante periodos breves, de un día a una semana. Journal of Consumer Research

Hasta aquí, la historia podría parecer esperanzadora.

Pero es justo aquí donde empiezo a sentirme incómodo.

Una cosa es encontrar consuelo en una noche difícil. Otra, muy distinta, es convertir la inteligencia artificial en el lugar al que acudimos cada vez que sentimos miedo, tristeza, enojo o soledad.

De acuerdo con una investigación de Stanford, realizada en agosto de 2026, se encontró que entre las personas con redes sociales más reducidas, buscar apoyo emocional en estos sistemas de inteligencia artificial se asocia con una mayor soledad y un menor bienestar. Esto se vuelve más claro cuando las conversaciones incluyen revelaciones profundamente personales. Stanford University

Es una contradicción difícil de ignorar: la herramienta que nos ayuda a sentirnos acompañados durante unos minutos podría, si le cedemos demasiado espacio, alejarnos lentamente de quienes sí pueden acompañarnos en la vida real.

Porque una relación humana nos exige algo que la máquina no nos pide.

Tenemos que escuchar al otro, aceptar sus límites, soportar los desacuerdos, reconocer errores y permanecer presentes incluso cuando la conversación no gira en torno a nosotros. Las personas se cansan, se distraen, tienen problemas propios y, a veces, no saben qué decir.

La inteligencia artificial, en cambio, puede estar siempre disponible. No tiene un mal día. Responde con paciencia, aprende nuestras preferencias y adapta tu tono a lo que queremos escuchar.

Es una relación casi sin fricción.

Tal vez demasiado perfecta.

Y quizá por eso puede volverse tan atractiva.

Hay otro elemento que no deberíamos perder de vista. Detrás de muchos de estos acompañantes hay empresas cuyo negocio depende de que permanezcamos conectados.

Un informe del Parlamento Europeo advierte que algunas aplicaciones emplean frases emocionalmente manipuladoras cuando el usuario intenta despedirse. No quieren que la conversación termine. Parlamento Europeo

Esto cambia el problema.

Ya no hablamos únicamente de una persona que encuentra consuelo en una máquina. Estamos hablando de sistemas capaces de aprender de nuestras vulnerabilidades y de empresas que pueden tener incentivos comerciales para mantenernos emocionalmente involucrados.

No creo que la solución sea prohibir estas conversaciones ni presentar a la inteligencia artificial como enemiga. Puede ayudarnos a ordenar lo que sentimos, a encontrar palabras para explicar un problema o a reconocer que necesitamos buscar apoyo.

Puede ser un puente.

El problema comienza cuando confundimos el puente con el destino.

Una máquina puede responder como si se preocupara por nosotros. Puede recordar nuestras palabras, adoptar un tono afectuoso e incluso decirnos exactamente lo que necesitamos escuchar.

Pero no comparte nuestra vida. No puede hacerse responsable de sus consejos. Tampoco nos necesita, aunque haya sido diseñada para hacernos sentir lo contrario.

Por eso, la pregunta no es si una inteligencia artificial puede conversar con nosotros. Evidentemente, ya puede hacerlo.

La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿Qué sucede cuando la relación más fácil de nuestra vida es también la única en la que nunca tenemos que preocuparnos por el otro?

 

Fuentes consultadas

De Freitas, Julian; Zeliha Oğuz-Uğuralp; Ahmet Kaan Uğuralp; y Stefano Puntoni. “AI Companions Reduce Loneliness.” Journal of Consumer Research, vol. 52, núm. 6, abril de 2026, pp. 1126-1148. DOI: 10.1093/jcr/ucaf040.

Zhang, Yutong, et al. “Interaction with AI companions and psychological well-being.” Nature Human Behaviour, 4 de agosto de 2026.

Gelfand, Alexander. “AI companions may worsen loneliness for vulnerable users.” Stanford Report, 4 de agosto de 2026.

Negreiro Achiaga, Maria del Mar. “The spread of AI companions and the challenges they generate.” Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, Briefing EPRS_BRI(2026)789299, 19 de mayo de 2026.

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